Trump vs Twitter: La moderación de contenido alcanza al Presidente de los Estados Unidos

Mayo del 2020 ha sido un mes interesante para los que seguimos los temas relacionados con la libertad de expresión y las redes sociales. A inicios del mes, Facebook anunció los primeros 20 integrantes de su junta de vigilancia externa, los miembros son diversos en todo sentido, en sus profesiones, nacionalidades, etnias y experiencias, es una lista impresionante. Pero tal vez más importante que ello, fue que Twitter volvió a ser tema internacional en las noticias por la viralización de dos videos donde se captura la muerte de personas afroamericanas en Estados Unidos.

En el primer video, que se dio a conocer a inicios de mayo, se aprecia el momento en que ciudadanos blancos del Estado de Georgia (un padre y un hijo) armados, confrontan y hieren mortalmente a un joven afroamericano desarmado llamado Ahmaud Arbery. El segundo fue capturado mientras policías blancos de la ciudad de Minneapolis arrestaban a un hombre afroamericano llamado George Floyd; el oficial, mientras se encontraba realizando el arresto, colocó su rodilla sobre el cuello del ciudadano para someterlo. Floyd se quejó repetidamente de dificultad para respirar, a pesar de que no parecía haber necesidad de violencia y de que un creciente número de espectadores le solicitaron al oficial que le soltara el cuello, sin embargo, esto no sucedió hasta que llegaron paramédicos a la escena, para ese entonces Floyd ya se encontraba inconsciente. Murió poco tiempo después.

Por sí mismos los videos desataron intensos debates y protestas, los eventos grabados en Georgia, donde Ahmaud Arbery perdió la vida, sucedieron en enero, pero el video se dio a conocer recién a inicios de mayo. Los responsables no habían sido imputados por las autoridades locales, pero la claridad de los hechos mostrados en el video y las protestas sociales presionaron a las autoridades federales a revisar el caso, donde finalmente, ambos hombres fueron imputados de homicidio. El video del arresto y muerte de George Floyd se dio a conocer a finales del mes y desató protestas en Minneapolis.

Lo más lamentable de estos casos es que los videos, donde se expone la conducta de personas y autoridades de raza blanca contra personas de color, muestran probablemente solo una pequeña parte de este tipo de eventos. Una de las ventajas de tener cámaras disponibles en casi todo momento conectadas a la red es que permite diseminar este tipo de contenido con gran velocidad. Pero aún así debemos aceptar que es probable que la mayoría de los casos de violencia y discriminación, como éstos y de otro tipo, ocurren sin un testigo que lo grabe, condenando a las víctimas al anonimato y la injusticia. Por sí mismo, el fenómeno de la visibilización del otro a través de la red es interesante, con los eventos mencionados había mucho que pensar y estudiar. Pero mayo aún tenía una sorpresa más, un escándalo de proporciones internacionales ocasionado por Donald Trump y su incesante uso de Twitter.

Y es que el presidente Trump utiliza Twitter constantemente y con maestría, lo cual no es debatible. Trump tiene un instinto político y social que le permite usar Twitter para comunicar lo que quiere y provocar las reacciones que desea o necesita. Con frecuencia insulta, apoda, provoca, ridiculiza y más a sus rivales; inventa hechos, cambia sus versiones, retuitea información falsa; no tiene filtros. A sus fans les encanta tener una ventana directa con su presidente y sus detractores no pueden evitar caer en su juego, a través de Twitter, Trump establece las bases de la agenda y la comunicación política y nada puede detenerlo. Hasta ahora, tal vez.

Desde hace tiempo los enemigos de Trump se han quejado con los moderadores de Twitter de que no aplican los términos de uso de la misma forma al presidente que a otros usuarios. Reclaman que el contenido que el presidente publica con frecuencia va en contra de los términos de uso. Twitter contestó, sin mencionar específicamente a Trump, que silenciar a líderes mundiales va en contra de las políticas de expresión de la red social y que sería una acción contraria al fomento de una conversación pública mundial. Trump tenía inmunidad en Twitter, hasta mayo del 2020, cuando, por primera vez, la red social moderó el contenido del presidente, iniciando un conflicto que tendrá repercusiones severas que no podemos adivinar.

El primer evento se dio cuando Trump hizo una publicación en la que decía que la votación por correo postal es una fuente de corrupción y fraude en las elecciones. Este comentario esta cargado de pólvora política y más aún si tomamos en cuenta que, en estos momentos es incierto si la elección de noviembre podrá realizarse con “normalidad”. Organismos independientes y expertos con información y evidencias confiables suplicaron a Twitter que eliminara los tweets por ser obviamente falsos y promover conflictos políticos con posibles consecuencias en las elecciones. Twitter no eliminó los tuits, pero puso anuncios declarativos en ellos, indicando que se trata de información errónea y proporcionó ligas a fuentes serias que desmentían lo dicho por Trump. Los enemigos de Trump cantaron su primera victoria, pues por fin la red social se atrevía a moderar el contenido del presidente; la furia de Trump podía sentirse a través de la red. El presidente contraatacó inmediatamente acusando a Twitter de censurarlo y de violar su derecho a la libertad de expresión, pero Twitter no cedió.

Es en este momento, cuando se llevan a cabo las protestas en Minneapolis por la muerte de George Floyd, las demostraciones de indignación causaron daños: quemaron un precinto de la policía y saquearon algunos negocios, la policía los replegó usando gas lacrimógeno; es un verdadero problema social y político, difícil de expresar y más aún de navegar para las autoridades. Seguramente ofendido por los daños provocados a la estación de policía, el símbolo de autoridad de la ciudad, Trump publicó varios tuits dedicados al tema, ofreció ayuda al gobernador de Minnesota e incluso ofreció enviar al ejército para contener las protestas.

En un tuit el presidente utilizó esta expresión “when the looting starts, the shooting starts”, cuya traducción literal es: “cuando empiezan los saqueos empiezan los disparos”, pero que no expresa lo problemático de su uso. Esta es una expresión que surgió del contexto policial en el siglo XX cuando el modelo de policía activa y de represión era implementado en varias ciudades de Estados Unidos. El resultado de esas políticas de tolerancia cero llevaron a excesos y abusos en contra de minorías con efectos devastadores. Es una frase que esconde racismo, xenofobia, clasismo, y fue utilizada por el presidente contra sus propios ciudadanos. La controversia fue inmediata.

El contenido del tuit, sin duda, viola los términos de uso de la red social, por segunda vez la aplicación moderó el contenido del presidente. Twitter no bloqueó el tuit en cuestión, pero lo ocultó detrás de un aviso que decía que el contenido del tuit viola los términos de uso por “glorificar la violencia”, el tuit es accesible, pero quien lo quiera ver tiene que pasar por el anuncio de violación. La red social no va a bloquear al presidente Trump, y tampoco va a retirar sus tuits, pero va a comenzar a marcar el contenido, lo cual es una forma de moderación. Vale la pena mencionar que las acciones de Twitter contra Trump no son únicas, otros líderes mundiales ya tienen también su contenido marcado por contener falsedades. Durante este conflicto la atención cayó en Facebook, ¿seguiría los mismos pasos que Twitter? Al fin y al cabo, el presidente Trump publica el mismo contenido en ambas plataformas.

Facebook, en un comentario público, repitió su postura de que la red social no debe ser la encargada de moderar el contenido político, ya que esto es responsabilidad de los usuarios. Mi primer comentario en este sitio trató justamente este punto, y aunque Facebook no ha cambiado su política, Twitter si lo ha hecho.

La respuesta del presidente Trump es interesante, publicó una Orden Ejecutiva, un mandato presidencial, donde busca eliminar la protección que tienen las redes sociales ante el contenido que publican sus usuarios. Actualmente, en Estados Unidos, las empresas de redes sociales tienen protección ante terceros por el contenido que publiquen los usuarios, lo que quiere decir que, si alguien carga contenido que viole derechos de autor, por ejemplo, Twitter no será responsable de los daños, lo será el usuario que lo cargó. La intención de Trump es eliminar esta protección para que terceros puedan demandar a las redes sociales, esto pondría en peligro el modelo de negocio. Es una idea peligrosa y complicada, aunque los expertos legales han dicho que es muy poco probable que sobreviva un proceso judicial. La respuesta parece, en realidad, una amenaza de litigio complicado y caro para las redes sociales, además de que le permite a Trump venderse como la víctima de una corporación que está cediendo ante los designios de lo “políticamente correcto”. Obviamente es muy pronto para anticipar que pasará en este conflicto, pero lo que queda claro es que la estrategia de comunicación política de Trump ha tenido su primera afronta, además en su red favorita.

Conforme se acerque la campaña política y los efectos de la emergencia producida por el COVID-19 se vuelvan más claros, tanto en lo económico como en lo social, Trump y las redes sociales chocarán sin duda y esto afectará a las elecciones. ¿Por qué decidió Twitter moderar el contenido de Trump?, ¿se trata de una concesión a los progresistas y su agenda políticamente correcta, como lo dijo Trump? Es imposible saberlo con certeza, tal vez la causa no sea tan importante como el efecto, la demanda que se ha hecho a las redes sociales es que deben aceptar su responsabilidad ante la sociedad democrática como herramientas del debate público y de la promoción de la cultura democrática. La acción de Twitter y la junta de revisión independiente de Facebook—que tal vez no esté lista antes de las elecciones—parecen ser dos pasos en la dirección correcta. Si los usuarios hemos provocado estos cambios a través de presión pública y económica es difícil saberlo, pero la presión no debe ceder, incluso debe crecer, parece que se acerca el momento de crear las condiciones para replantear el papel de las redes sociales como comunicadores sociales, aunque eso enfurezca a algunos. Se acabó mayo del 2020, veremos que traerá el futuro.

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Alejandro Herrán Aguirre
Doctor en Derecho por el Instituto de Investigación Jurídicas de la Universidad Autónoma de Chiapas, México; Profesor Investigador del mismo instituto, además de ser Notario Público, titular de la Notaria 180 del Estado de Chiapas. Tiene diversas publicaciones académicas contando artículos, y capítulos de libros sobre diversos temas; sus líneas de investigación son: libertad de expresión, derecho digital, Blockchain, y la relación del derecho con la tecnología. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo de Ciencia y Tecnología de México.

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