La promesa del stakeholder governance: ¿un límite factible a las Big Tech?

Un especial agradecimiento a Omar Alfaro, Julio Avellaneda y Klever Espinoza por sus comentarios a los borradores de este artículo.

La sombra de las Big Tech

La innovación tecnológica en los últimos treinta años ha generado una serie de compañías que han revolucionado cómo se mueve el mundo: la manera en que nos comunicamos, nuestras relaciones, cómo consumimos y un largo etcétera, y representan una serie de retos a la vida en sociedad y las instituciones que las rigen. Si bien hay muchos entusiastas de las tecnologías que creen ciegamente en sus beneficios y lo predican, hay científicos sociales, como Francis Fukuyama, que no han dudado en calificar a las grandes empresas de tecnología -las big tech– como una amenaza a la democracia. En un reciente artículo en la revista Foreign Affairs consideró que[1]:

Among the many transformations taking place in the U.S. economy, none is more salient than the growth of gigantic Internet platforms. Amazon, Apple, Facebook, Google, and Twitter, already powerful before the COVID-19 pandemic, have become even more so during it, as so much of everyday life moves online. As convenient as their technology is, the emergence of such dominant corporations should ring alarm bells—not just because they hold so much economic power but also because they wield so much control over political communication. These behemoths now dominate the dissemination of information and the coordination of political mobilization. That poses unique threats to a well-functioning democracy.

Por otro lado, vemos que el crecimiento de determinadas empresas del sector tecnología están cada vez más, bajo el escrutinio de las fuerzas políticas, regulatorias y judiciales. Facebook, por ejemplo, es parte de una masiva investigación por conductas anticompetitivas llevada a cabo por la Federal Trade Commission de los Estados Unidos de América, junto con 46 Estados[2], y Google es parte de tres casos por conductas anticompetitivas llevadas a cabo por el Department of Justice de los Estados Unidos también[3].

La prensa especializada y los consumidores, asimismo, están cada vez más alertas de ciertos aspectos de nuestra relación con la tecnología. Muy recientemente los cambios en los términos y condiciones de uso de WhatsApp han sido materia de escrutinio[4] y se ha cuestionado cuántos de nuestros datos personales se están transfiriendo de WhatsApp a Facebook y cómo Facebook continúa con su explotación comercial[5].

Si bien nadie duda de los beneficios que nos brindan estas grandes compañías, también arrojan una sombra cada vez más grande en nuestras vidas que nos lleva a cuestionar cómo se deben manejar estas compañías y cómo es que se deben regular.

El rol del gobierno corporativo en el derecho americano

No sólo las big tech están cada vez más bajo escrutinio; el modelo de gobierno corporativo predominante en los Estados Unidos -el modelo de shareholder value– también ha sido materia de serios cuestionamientos en los últimos años. El shareholder value principle propuesto por Milton Friedman aboga por una maximización de beneficios por los administradores de una sociedad a favor de sus accionistas[6]:

There is one and only one social responsibility of business—to use its resources and engage in activities designed to increase its profits so long as it stays within the rules of the game, which is to say, engages in open and free competition without deception or fraud.

La doctrina propuesta por Friedman gozó de amplia aceptación desde que vio la luz en 1970 y muchos lo consideran uno de los motores del crecimiento de la economía americana en décadas posteriores. Si bien la explicación desarrollada por Friedman tiene mucho sentido en el contexto en que se formuló (un claro rechazo a cualquier argumento de tipo colectivista en el contexto de la Guerra Fría), voces autorizadas están cuestionando sus premisas y ofreciendo modelos alternativos. Blackrock ha generado mucha discusión en base a los stewardship principles que implementan en sus portafolios de inversiones, así como hoy se habla mucho del Environmental Social Governance. Sin embargo, una de las críticas más relevantes es que sencillamente los supuestos bajo los cuales el shareholder value principle surgió han cambiado. Martin Wolf, en una notable columna de opinión en Financial Times, enfatiza que[7]:

There are many arguments to be hard over how corporations should change. But the biggest issue by far is how to create good rules of the game on competition, labour, the environment, taxation and so forth. Friedman assumed either that none of this mattered or that a working democracy would survive prolonged attack by people who thought as he did. Neither assumption proved correct. The challenge is to create good rules of the game, via politics. Today, we cannot.

Por otro lado, Martin Lipton, uno de los sobrevivientes de los corporate raiders de la década del ochenta, viene propugnando desde hace varios años un “nuevo paradigma” en el gobierno corporativo de sociedades, el modelo de stockholder value[8]. Éste propone un nuevo enfoque del gobierno corporativo que consiste en lo siguiente[9]:

The purpose of a corporation is to conduct a lawful, ethical, profitable and sustainable business in order to ensure its success and grow its value over the long term. This requires consideration of all the stakeholders that are critical to its success (shareholders, employees, customers, suppliers and communities), as determined by the corporation and its board of directors using their business judgment and with regular engagement with shareholders, who are essential partners in supporting the corporation’s pursuit of its purpose. Fulfilling purpose in such manner is fully consistent with the fiduciary duties of the board of directors and the stewardship obligations of shareholders.

Ambos modelos no son reñidos el uno con el otro -finalmente ambos apuntan al profit como mecanismo de crecimiento de la sociedad-, pero sí podemos considerar que el stakeholder governance es una evolución del shareholder value principle. Los cambios en los últimos cincuenta años nos muestran que la corporación no es un actor aislado en la sociedad y que las reglas de juego de la sociedad -empleando la terminología de Friedman- han cambiado. Asimismo, el stakeholder governance, al subrayar que las decisiones corporativas ponderen consideraciones éticas, pone un estándar adicional y más elevado que va más allá de evitar deception or fraud. No basta ya evitar cometer fraude, sino que nos alienta a ir a las zonas grises de las decisiones corporativas y ver cómo se ven las decisiones de un directorio a la luz de ciertos valores. Es poner una valla más alta que la de solamente lucrar, y reconocer que el entorno comercial y las sensibilidades de la sociedad han cambiado.

En un contexto de crisis reputacional y funcional de las big tech, cabe preguntarse si este nuevo modelo de gobierno corporativo puede aplacar los cuestionamientos sociales y estatales respecto al funcionamiento de las empresas de tecnología. En particular, en este artículo queremos enfocarnos en el gobierno corporativo de las big tech y el tratamiento de nuestros datos personales.

Big Tech y Stakeholder Governance

Quizá los vínculos entre el modelo de stakeholder governance y big tech no son inmediatamente aparentes, pero hay un punto de conexión que no debe pasar desapercibido: todos los usuarios de las big tech somos stakeholders en ellas. ¿Por qué? Por la entrega de nuestros datos personales a cambio del uso de sus servicios[10].

Entonces, ¿deben las empresas tecnológicas tomar en cuenta el impacto de sus decisiones en los usuarios de sus servicios? Una primera respuesta es que no necesariamente. Bajo el shareholder value principle imperante, puede que los directorios de las big tech sí lo hagan eventualmente si es que repercute en generar un mayor valor en el negocio y, por ende, al accionista. Por ejemplo, Lucian Bebchuk, un férreo defensor del shareholder value principle constata que, inclusive en los estados donde hay stakeholder constituencies (leyes que permiten ponderar intereses distintos del accionista en decisiones corporativas), los directores y administradores de compañías en operaciones de fusiones y adquisiciones no han considerado intereses distintos de la maximización de valor[11].

Cabe aquí hacer dos objeciones: (i) por un lado, que existan stakeholder constituencies no implica que se vayan a tomar en cuenta a los stakeholders, si es que la doctrina imperante es una de maximización de valor y sin una justificación doctrinal, como hoy lo es el stakeholder governance; y (ii) el enfoque del análisis es en el marco de operaciones de fusiones y adquisiciones, donde el riesgo de cuestionamiento y litigiosidad sobre cómo se llevó una operación, es sumamente alto. Agregaría que el stakeholder governance está pensada como una doctrina de gestión social y no de venta de compañías. Es decir, pensar en el impacto de decisiones de invertir en diferentes jurisdicciones, cerrar operaciones o no, contratar con proveedores más éticos, etc. Una operación de M&A ya tiene estándares claramente delimitados (los llamados Revlon duties o Unocal duties) que deben guiar el manejo de un directorio.

Pero es claro que el interés del usuario final va a divergir, en muchos puntos y momentos, con el afán de maximización de valor de los administradores (que en sí es un interés legítimo). Es aquí donde el modelo de stakeholder governance puede servir como un complemento válido en la toma de decisiones. Un movimiento de gobierno corporativo que legitime institucionalmente considerar los intereses de los stakeholders en la toma de decisiones -desde un punto de vista tanto legal y comercial (la codiciada cobertura del business judgment rule), como ético y moral-, y que pueda tener sustento ante una corte, puede servir como un límite o una autorregulación a las big tech.

Así pues, que los administradores de las big tech puedan ponderar factores más allá de la maximización de valor, puede contribuir a velar por intereses de más largo plazo en la supervivencia de una sociedad (para evitar, por ejemplo, litigios de antitrust que puedan derivar en divestments significativos, como fue el caso de AT&T[12]), a cuidar aspectos reputacionales (como las que detallamos en el acápite I de esta nota) y a autorregular el rol preponderante y variante que asumen las big tech como actores en la sociedad que habitamos (notemos que lo que antes era solo una red social ahora tiene un rol similar a la prensa, verifica contenidos, regula el free speech, etc.).

Datos personales y debes fiduciarios

Como ya lo anotamos, las big tech recopilan una gran cantidad de nuestros datos personales que subsidian o hacen en gran parte gratuitos sus servicios. Sin embargo, los usuarios no tenemos mayor control sobre lo que hacen estas compañías con nuestra información, lo que genera una serie de inconvenientes por asimetría informativa[13]. Así también, muchas veces no tenemos la capacidad técnica para comprender los términos y condiciones que se nos imponen, y poca capacidad para hacer un opt-out de aquellos términos que no nos gusten o nos generen suspicacia. Existe una preocupación válida de los usuarios de las empresas de tecnología: ¿cómo protegemos nuestros datos personales e información sensible frente a los proveedores de tecnología?

Jack M. Balkin, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale, propone que las empresas de tecnología tengan deberes fiduciarios respecto al manejo de nuestra información en tanto sus servicios son cada vez más “esenciales” (empleamos el término en un sentido bastante amplio y no legal), ofrecen al consumidor respeto de su privacidad y crean una expectativa razonable de que no se abusará de la información personal. En resumen[14]:

Perhaps the best way of summarizing the idea of information fiduciaries in the digital age is that online service providers may not act like con men. The term “con man” is short for “confidence man,” and the point of a “con game” (or “confidence game”) is to gain the trust and confidence of a mark in order to act against their interests later on. The idea of a con game is just the mirror image of the idea of a fiduciary duty: if you induce another to treat you with confidence, you cannot turn around and betray that confidence (El resaltado es mío).

Si bien esta teoría no ha estado exenta de críticas (ver al respecto Kazen y Khan[15]), creemos que puede ser perfectamente asumida desde una perspectiva de shareholder value y de stakeholder governance. ¿Las compañías no deben comportarse, acaso, sin deception or fraud (según Friedman) y dentro de marcos éticos y sostenibles (según Lipton)? Parece lógico que las compañías de tecnología se comporten como fiduciarios de los datos de sus clientes.

Por otro lado, la implementación de esta teoría en la práctica no parece una carga que fuera excesiva o que fuera a reformular completamente cómo funciona una big tech. Andrew F. Tuch, comentado la teoría de Balkin y dando respuesta a sus detractores, identifica un aspecto sumamente relevante: las empresas del sector financiero ya conviven con el supuesto “dilema fiduciario” de las big tech sin que esto haya representado una imposibilidad práctica (Kazen y Khan consideran un escenario de lealtades divididas de un directorio hacia los usuarios, por un lado, y hacia los accionistas, por el otro[16]). Estas empresas manejan una gran cantidad de información en un sector sumamente regulado y tienen los mismos deberes de maximización de valor hacia sus accionistas[17]:

If requiring Facebook to treat users as fiduciaries would generate the problem of conflicting fiduciary obligations, would the same problem not also apply to Goldman Sachs today? Goldman’s directors—like Facebook’s—owe fiduciary duties under Delaware law. Both companies have powerful self-serving incentives. The interests of Goldman’s customers, like those of Facebook’s users, may conflict with those of the corporation’s shareholders. Indeed, Goldman’s interests, like those of financial institutions generally, often conflict with those of their customers.

Many even regard the financial conglomerate business model that Goldman and its competitors adopt as inherently conflicted, inevitably putting them at odds with their clients’ interests. The potential conflict here encompasses even the particular asset at the heart of Balkin’s proposal: information.

(…)

Yet, as far as I can tell, the problem of conflicting fiduciary obligations as described by Khan and Pozen has not been addressed or even identified by courts, policymakers, or commentators in the financial services setting.

¿La promesa es factible?

Como ya adelantamos, las big tech podrían considerar los intereses de los consumidores en su proceso de decisión, sea que se adhieran a la teoría del shareholder value (comportarse sin decepción or fraud) o a la de stakeholder governance (ética en la toma de decisiones). Creemos que la existencia del stakeholder governance como evolución del gobierno corporativo en Estados Unidos (que, a su vez, suele ser imitado en varias jurisdicciones) puede “envalentonar” -en ausencia de un mejor término- a los directorios de las empresas del sector tecnología a considerar a sus stakeholders en sus decisiones, lo cual puede generar, de manera inmediata, una mejora reputacional de las big tech. Tal mejora, llevaría al público consumidor a percibir una coherencia entre el discurso comercial y la práctica legal de la compañía[18], lo que puede repercutir en un mayor valor de las acciones del sector tecnológico y, a su vez, en un mayor “bienestar social”.

Ahora, sobre la teoría de Jack M. Balkin de los information fiduciaries, consideramos que las big tech pueden hacer esto sin esperar a que sea una realidad impuesta normativamente en Estados Unidos, en otras grandes jurisdicciones o en donde operen (y a través de un proceso sobre el cual puede que no tengan control). TUCH graficó que esto ya ocurre en un sector de la economía, el financiero. Adicionalmente, las big tech ya lidian con una imposición normativa sobre tratamiento de información personal: recordemos que el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (Reglamento 2016/679) ya impone obligaciones normativas a las empresas de tecnología, privilegiando los intereses de los titulares de los datos personales[19]. Construir, a partir de esta experiencia, deberes fiduciarios sobre datos personales no resulta descabellado. Entonces, nada impide que esto pueda ocurrir voluntariamente en el sector tecnológico. Más aun, consideramos que esto puede repercutir en la percepción social de las compañías con un efecto reputacional favorable, así como en la valorización de éstas en el mercado.

El desarrollo doctrinal, tanto del modelo de stakeholder governance como de las empresas de tecnología como information fiduciaries, a nuestro parecer brindan un sólido fundamento doctrinal para que las empresas de tecnología -sean públicas o privadas- den un cambio de timón en su gobierno corporativo que, potencialmente, pueda repercutir en un mayor valor, no solo social sino también económico. Ahora, el reto de asumir el stakeholder governance y defenderlo no será sencillo. Por un lado, es necesario que no se quede en palabras (como las declaraciones de defensa de medio ambiente pueden quedarse en un discurso sin contenido, greenwashing) y, por otro, no sabemos si pasará un control judicial en, digamos, cortes como las del estado de Delaware o de Nueva York. Hasta el momento, y a nuestro conocimiento, el stakeholder governance no ha sido sometido a una prueba judicial que valide esta doctrina, pero, por ahora, consideramos que hay elementos suficientes para creer en esta promesa[20].  


*Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de los administradores del blog The Crypto Legal ni de la asociación Lawgic Tec

[1] FUKUYAMA, Francis, Barak RICHMAN y Ashish GOEL. “How to Save Democracy from Technology – Ending Big Tech´s Information Monopoly”. Disponible en: https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2020-11-24/fukuyama-how-save-democracy-technology. Última consulta – 10 de enero de 2021.  

[2] Ver https://www.wired.com/story/facebook-ftc-antitrust-case-smoking-gun/. Última consulta – 10 de enero de 2021.

[3] Ver https://www.cnet.com/news/googles-three-antitrust-battles-heres-what-you-need-to-know-faq/. Última consulta – 17 de febrero de 2021.     

[4] La siguiente cita es ilustrativa: “In practice, this means that WhatsApp shares a lot of intel with Facebook, including account information like your phone number, logs of how long and how often you use WhatsApp, information about how you interact with other users, device identifiers, and other device details like IP address, operating system, browser details, battery health information, app version, mobile network, language and time zone. Transaction and payment data, cookies, and location information are also all fair game to share with Facebook depending on the permissions you grant WhatsApp in the first place.

“WhatsApp is great for protecting the privacy of your message content,” says Johns Hopkins University cryptographer Matthew Green. “But it feels like the privacy of everything else you do is up for grabs.»

Ver https://www.wired.com/story/whatsapp-facebook-data-share-notification/. Última consulta – 10 de enero de 2021.

[5] WAGNER, Kurt. “Facebook Sees WhatsApp As Its Future, Antitrust Suit or Not”. Disponible en: https://www.bloomberg.com/news/features/2020-12-09/facebook-fb-plans-to-turn-messaging-app-whatsapp-into-a-moneymaking-business. Última consulta – 10 de enero de 2021.    

[6] FRIEDMAN, Milton. “A Friedman doctrine– The Social Responsibility Of Business Is to Increase Its Profits”. Disponible en: https://www.nytimes.com/1970/09/13/archives/a-friedman-doctrine-the-social-responsibility-of-business-is-to.html. Última consulta – 10 de enero de 2021.

[7] WOLFE, Martin. “Milton Friedman was wrong on the Corporation”. Disponible en: https://www.ft.com/content/e969a756-922e-497b-8550-94bfb1302cdd. Última consulta – 10 de enero de 2021.

[8] Esta propuesta se plasmó en “The New Paradigm – A Roadmap for an Implicit Corporate Governance Partnership Between Corporations and Investors to Achieve Sustainable Long-Term Investment and Growth” para el World Economic Forum”.

[9] LIPTON, Martin. “The New Paradigm – A Roadmap for an Implicit Corporate Governance Partnership Between Corporations and Investors to Achieve Sustainable Long-Term Investment and Growth” para el World Economic Forum”. Disponible en: https://www.wlrk.com/webdocs/wlrknew/AttorneyPubs/WLRK.25960.16.pdf. Última consulta – 10 de enero de 2021.

[10] Jack M. Balkin lo resume al indicar que “When we are dealing with online service providers like Facebook or Google, the most important source of compensation is personal information. For many online companies, the product or service is either free or heavily subsidized because it generates data, which is valuable to the company or to third parties to which the company sells the data.

All other things being equal, companies like Facebook or Google would like to maximize the value of the personal data they collect. And certainly if such a company goes bankrupt or is later sold, its collection of end-user data is one of its most valuable assets. The value of end-user data, and its centrality in the business models of many online service providers, creates an inherent potential for conflicts of interest between the digital company and the end-user.

BALKIN, Jack M. “Information Fiduciaries and the First Amendment”. En: UC Davis Law Review. Volumen 49, No. 4. Abril de 2016. p. 1226.       

[11]We then examine whether, in fact, the leaders of companies incorporated in states with constituency statutes have used the discretion provided by those statutes to protect the interests of stakeholders when considering a sale of their company. We find that, in negotiating with acquirers, corporate leaders have bargained for benefits to shareholders as well as for themselves but have made little use of their bargaining power to secure protections for stakeholders. This evidence is consistent with and reinforces our conclusion that corporate leaders who have discretion to do so should still not be expected to benefit stakeholders beyond what would be necessary for shareholder value maximization.” (El énfasis es nuestro).

BEBCHUK, Lucian. “The Illusory Promise of Stakeholder Governance”. Disponible en: https://corpgov.law.harvard.edu/2020/03/02/the-illusory-promise-of-stakeholder-governance/. Última consulta – 31 de enero de 2021.

[12] Es ejemplificativo el caso del desmembramiento de AT&T por el departamento de Justicia de los Estados Unidos por una serie de factores, incluyendo una ausencia de política regulatoria clara y una percepción de que AT&T era “demasiado grande”. Recomendamos el libro de Steven Coll “The Deal of the Century – The Breakup of AT&T”.

[13]Thus, online service providers present the familiar problems that generally give rise to fiduciary obligations. First, there are significant asymmetries of knowledge and information between online service providers and end-users. Second, it is very difficult for end-users to verify online companies’ representations about data collection, security, use, and dissemination. Third, it is very difficult for end users to understand what online companies do with their data and how data analysis and use affects their interests. Fourth, even if end users understood these information practices, it would be almost impossible for end-users to monitor them.

BALKIN, Jack M. Op. cit. p. 1227.

[14] BALKIN, Jack M. Op. cit. p. 1224.

[15] KATZ, David E. y Lina M. Khan. “A Skeptical View of Information Fiduciaries”. Disponible en: https://harvardlawreview.org/2019/12/a-skeptical-view-of-information-fiduciaries/#:~:text=The%20concept%20of%20%E2%80%9Cinformation%20fiduciaries,their%20personal%20data%20for%20profit. Última consulta – 31 de enero de 2021.

[16] KATZ, David E. y Lina M. Khan. Op. cit. pp. 508-510.

[17] TUCH, Andrew F. “A General Defense of Information Fiduciaries”. pp. 29-30. Disponible en: https://corpgov.law.harvard.edu/2020/12/31/a-general-defense-of-information-fiduciaries/#more-135509.

[18] El eslogan de Facebook “The Future is Private”, hoy por hoy, no parece tan coherente con su práctica comercial.

[19] El numeral 39 de las consideraciones iniciales del Reglamento General de Protección de Datos Personales, por ejemplo, indica que “Todo tratamiento de datos personales debe ser lícito y leal. Para las personas físicas debe quedar totalmente claro que se están recogiendo, utilizando, consultando o tratando de otra manera datos personales que les conciernen, así como la medida en que dichos datos son o serán tratados. El principio de transparencia exige que toda información y comunicación relativa al tratamiento de dichos datos sea fácilmente accesible y fácil de entender, y que se utilice un lenguaje sencillo y claro.”

[20] Queda aún como tarea pendiente profundizar en las ideas de Shoshana Zuboff acerca del Surveillance Capitalism (por ejemplo, https://www.youtube.com/watch?v=hIXhnWUmMvw), que en algo podrían modificar las conclusiones de este breve artículo.

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Raúl Vizcarra
Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú y LLM por University of California – Berkeley, con más de 12 años de experiencia en temas de fusiones y adquisiciones y derecho comercial y financiero. Interesado en temas de gobierno corporativo y las intersecciones del derecho y la tecnología. Asociado Principal del área Corporativa y de M&A de Philippi, Prietocarrizosa, Ferrero DU & Uría (Lima).

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