LA INDUSTRIA MUSICAL Y EL CORONAVIRUS

Los acontecimientos derivados de la pandemia de Coronavirus Covid-19 han generado una reacción inusitada y sin precedentes en el mundo, y los gobiernos han tomado desde medidas destinadas a reducir eventos públicos hasta un máximo de personas, imponer reglas de distancia social, hasta paulatinamente adoptar medidas extraordinarias de cuarentena y aislamiento absoluto. Es decir, andar en grupo y las multitudes, que hasta hace poco eran algo habitual, tan cotidiano, se han vuelto un peligro para la salud pública.

Pasará un tiempo indeterminado para retomar el ritmo de vida habitual, se tenga una vacuna y la pandemia concluya. Mientras tanto, no podemos negar el impacto en la economía de esta pandemia, especialmente en las industrias del entretenimiento. Para efectos del presente artículo, nos ceñiremos al impacto en la industria musical, especialmente entre los autores, compositores e intérpretes musicales, y brindaremos algunos comentarios.

EL FLUJO DE INGRESOS

Hace algunos años, los autores, compositores e intérpretes musicales, actuando por propia cuenta o en agrupaciones musicales, podían obtener ingresos derivados de la producción de un álbum, la venta de soportes (alguna vez discos de largas duración, “long play” o LPs, luego los CDs y DVDs), las giras para promocionar dicho álbum y el correspondiente merchandising.

La propia tecnología, a través de la irrupción digital, hizo que la venta de discos, CDs o DVDs, dejara de ser una de las importantes fuentes de ingreso. Si bien se han estado produciendo álbumes, las giras fueron hasta hace poco una de las principales (sino la principal), fuente de ingresos de dichas personas. Todo ello forma parte de un tipo de ingreso activo, propio de la actividad artística de los autores, compositores e intérpretes musicales.

Adicionalmente, existe un ingreso pasivo derivado de las regalías por el uso de las composiciones o interpretaciones musicales, recaudados y distribuidos por sociedades de gestión colectiva. Este uso puede darse dependiendo si es necesario o indispensable la música para un determinado tipo de negocio o actividad tales como discotecas, centros comerciales, restaurantes, bares, gimnasios, vehículos de transporte terrestre, conferencias, etc.

Ahora bien, esta circunstancia única de la pandemia de Coronavirus Covid-19 ha alterado drásticamente el flujo de ingresos, y no se sabe por cuánto tiempo se prolongará. Por un lado, se han cancelado una cantidad importante de espectáculos, conciertos, y eventos multitudinarios, y con ello se recorta la principal fuente de ingreso de los autores, compositores y artistas intérpretes, es decir, la presentación en vivo. De otra parte, tanto las medidas de distancia social y aislamiento han recortado la posibilidad de ingresos pasivos debido al cierre de diversos lugares donde el uso de la música era necesaria o indispensable, lo cual significa una reducción significativa de los ingresos obtenidos, recaudados y distribuidos por sociedades de gestión colectiva.

Ante este escenario de incertidumbre, no dudamos que la presencia de redes sociales y el Internet puede abrir un abanico de posibilidades de la difusión de creaciones musicales y algún tipo de ingreso que suplante los otros dejados de percibir.

IMPACTO LEGAL

Demás está decir que es un dolor de cabeza para los empresarios y agrupaciones musicales la reprogramación de espectáculos, conciertos, giras o la devolución de los precios de las entradas ya pagadas pues de lo contrario podrían tener reclamos en materia de protección al consumidor.

También surge el problema a nivel contractual derivado de las personas o empresas encargadas del transporte, alojamiento, instalación de escenarios, luces, y personal que acompaña y hace posible dichos eventos y giras (“road crew”, “roadies”). Dependerá de cada caso en concreto evaluar el verdadero impacto, que de por si no dudamos será importante en términos económicos.  

En suma, el impacto legal se podría ver tanto a nivel de protección al consumidor (relación de consumo), como a nivel contractual (relación con colaboradores, proveedores). En este último caso, el dilema entre alguna indemnización o la liberación de responsabilidad debido a fuerza mayor se tendrá que evaluar caso por caso.

IMAGEN

Ante esta situación de pandemia y aislamiento social, se han visto diversas reacciones de los artistas, desde conciertos gratuitos vía streaming, (por ejemplo, Fito Páez, Gianmarco, hasta los ofrecidos por Metallica los días lunes de cuarentena).

Definitivamente, ello no generará ingresos en comparación de una presentación en vivo, pero permite por un lado un mínimo de exposición y manejo de imagen en tiempos extraordinarios y claro, entretenimiento alternativo en momentos tan difíciles para todos. Dependiendo de la trayectoria del artista, un buen manejo de imagen le permitiría diversificar su actividad mientras dure esta situación y sus efectos posteriores, a través de la presencia en televisión o prensa escrita. También podría repercutir en acontecimientos benéficos destinados a procurar fondos para combatir la pandemia.

Sin embargo, el problema surge con el músico independiente, que recién está incursionando en la industria y quizá no tenga los ingresos que otros artistas ya reconocidos y con presencia en el mercado tengan. ¿Habrá motivo de conocer algún nuevo artista aprovechando esta difícil coyuntura mundial, cuando la gente está pensando en cuidar su salud al máximo?  ¿Se conformará el músico independiente con seguir creando nuevo material para publicarlo una vez que se pueda volver a la normalidad?

EL DESAFIO DE RECUPERAR LA CONFIANZA

Si bien en algún momento y paulatinamente se retomarán las actividades habituales, el desafío es recuperar la confianza, es decir, el saber que una persona va a disfrutar de un espectáculo musical en vivo y no saldrá perjudicado en su salud.

Esta recuperación de confianza tendría que ser en el tiempo más breve posible para reducir el impacto económico de modo que los autores, compositores y artistas intérpretes vuelvan a percibir ingresos. Sin embargo, ello dependerá de diversos factores que son ajenos a nuestra buena voluntad.

De haber conciertos y eventos multitudinarios y no tener novedades sobre la vacuna contra el Coronavirus Covid-19 o peor aún, saber de alguna eventual mutación o que se vuelva un peligro periódico (como un resfriado común, o una gripe estacional), el escenario podría ser atípico e inédito: de aquellas épocas de conciertos o eventos multitudinarios con encendedores ante una balada, pasando a conciertos y eventos con smartphones, y en el futuro inmediato tener conciertos y eventos donde controlen la temperatura corporal (como ya se está haciendo en algunos supermercados) o tener público con mascarillas. ¡Ni pensar que alguien estornude o tosa!

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Gonzalo Ramirez
Abogado, Jefe de Propiedad Intelectual del Estudio Fernández & Vargas Abogados, titulado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Magister en Derecho de Empresa, con mención en Gestión Empresarial, de dicha casa de estudios. Cuenta con experiencia docente, cursos en su especialidad en Estados Unidos, Corea del Sur y Suiza, y asesora a clientes locales y extranjeros en materias de Derecho de la Propiedad Industrial, Derecho de Autor, Protección al Consumidor, y Competencia Desleal.

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