Algunas consideraciones entorno a la incorporación de herramientas tecnológicas en la práctica legal

La “invasión” o ‘masificación’ de la automatización y la robótica en el lugar de trabajo nos ha obligado a repensar la forma en que se realizan ciertos trabajos, y ha generado preocupación sobre si habrá suficientes trabajos en el futuro para los trabajadores humanos -despistados y erráticos- que los necesitan.

Hasta ahora, gran parte de la atención se ha centrado en el trabajo manual, ya que las líneas de montaje de fábrica y los almacenes han adoptado procesos automatizados de manera más rápida y visible que otras industrias. La automatización en una fábrica evoca una imagen recurrente: brazos robóticos que ensamblan piezas en automóviles, robots móviles que manejan paletas de mercancías a través de centros de distribución. En cualquier escenario, el impacto en los trabajadores humanos es fácil de ver.

Contemporary Artificial Intelligence. Vol. 27. Portland: Ringgold, Inc, 2012

Lo que es más difícil de visualizar es cómo una tecnología similar puede encontrar su camino en los aspectos del trabajo humano que son ‘menos visibles’ y no tan rutinarios, como la toma de decisiones complejas, la planificación estratégica y el pensamiento creativo.

Hasta hace poco, el consenso entre los investigadores parecía ser que los trabajadores con niveles más altos de educación se verían menos afectados por la automatización que aquellos que se encuentran ‘menos calificados’. Ahora, sin embargo, una nueva investigación sugiere que los trabajadores de cuello blanco con educación superior también pueden estar enfrentando una interrupción significativa.

En un estudio publicado en noviembre último por Brookings Institution[1] (Metropolitan Policy Program), los investigadores descubrieron que en el futuro ciertas ocupaciones con salarios más altos podrían ser impactadas de modo más severo por las tecnologías que emplean Inteligencia Artificial (IA) de lo que se pensaba. El estudio determina, entre otros, que: (i) las profesiones y ocupaciones vinculadas a actividades de manufactura, donde prime la mano de obra, se verán muy afectadas; y, (ii) también lo harán los trabajos de cuello blanco: actividades administrativas, de oficina, incluidas las de dirección o gerencia.

Si bien es probable que estos trabajos sean reemplazados por IA o simplemente cambiados por esta, todavía no está claro; en algunos casos, la IA puede terminar asistiendo a trabajadores humanos en lugar de hacer su trabajo por ellos. De cualquier manera, es probable que la incertidumbre cause alarma en algunos círculos.

Exposición promedio a la estandarización a través de Inteligencia Artificial (IA) – Por nivel de educación al 2017

Fuente: Brookings analysis of Webb (2019) and IPUMS-USA ACS 1-year microdata

Otro aspecto importante en la implementación de herramientas tecnológicas a la práctica legal, atraviesa la reflexión no solo de si son idóneas para el sector, o del progreso de su implementación, sino por las personas que realizan esta evaluación al interior de los departamentos legales de las compañías o el directorio o socios de una firma de abogados.

Al respecto, cabe anotar que, sin perjuicio de ello, las empresas deberían preocuparse por no desaparecer ya que, como indica el informe Digital Vortex: How Digital is Redefining Industries, la transformación digital desplazará del mercado al 40% de las empresas.[2]

La transformación digital, en consecuencia, tendría más que ver con las personas que con la tecnología, ya que son ellas las que permiten, o no, que se realice la transformación. La transformación digital está fuertemente ligada a la innovación. Para ser innovador se necesitan dirigentes que estén al servicio de las personas, que potencie la colaboración humana y que haga sentir seguros a los trabajadores.

Más allá de las críticas generales al progreso tecnológico, muchos críticos apuntan a la tecnología jurídica en particular. Simon Chester es uno de esos críticos que reconoce  que la tecnología está avanzando a un ritmo vertiginoso y que la profesión jurídica se verá afectada. Sin embargo, argumenta que los campeones de la tecnología jurídica, a menudo pasan por alto importantes barreras para integrar la tecnología en el mercado legal[3].

Las críticas de Chester se pueden agrupar en tres categorías: técnicas, económicas y culturales. Chester sostiene que algunas barreras técnicas aún limitan la implementación de la tecnología, en particular las tecnologías de la Inteligencia Artificial (IA). El Derecho es desordenado y, según Chester, es difícil construir algoritmos que atrapen el derecho de una manera útil[4]. A diferencia del campo médico -por ejemplo-, señala Chester, las respuestas a las preguntas legales pueden variar mucho dependiendo de la jurisdicción pertinente, pues pocos problemas legales tienen respuestas claras de sí o no.

Otros han señalado la complejidad del razonamiento legal como una barrera potencial para la implementación de tecnologías legales efectivas. Un argumento es que al razonamiento legal le es inherente un proceso paralelo en el cual la respuesta a una pregunta puede cambiar las preguntas que se plantearán posteriormente[5].

Esta dificultad alteraría significativamente la capacidad de hacer que las computadoras entreguen respuestas útiles a preguntas legales. Otra limitación técnica, argumenta Chester, es que las máquinas de IA tendrán dificultades para acceder a información legal relevante porque es improbable que las principales editoriales legales den a conocer materiales costosos sobre los que tienen derechos de autor, y los datos de las firmas de abogados están restringidos por obligaciones de confidencialidad. Como acota Chester, con referencia a la supercomputadora de IBM Watson: «Watson necesita combustible para funcionar, pero las estaciones de servicio están cerradas»[6].    

Si tiene razón, la integración de la tecnología jurídica en el mercado legal probablemente llevará más tiempo que muchos otros sectores. No obstante, las críticas técnicas de Chester sobre la implementación de tecnología legal son cuestionables. Aunque pocos problemas legales tienen respuestas directas, esto no significa que las tecnologías de Inteligencia Artificial no pueden ser utilizadas efectivamente en el Derecho. Donde los problemas son complejos, con pocas respuestas simples de sí o no, los programadores de IA todavía pueden encontrar maneras de ingresar los datos necesarios para que el sistema de inteligencia artificial sea efectivo.

Por ejemplo, revisar documentos para el e-discovery[7] no es un proceso con respuestas simples de sí o no, y el contexto único del caso a menudo determina el grado de relevancia de cada documento. Aun así, los técnicos utilizan diversas metodologías para programar sistemas de e-discovery para que sean sensibles a las sutilezas de un caso específico y, al hacerlo, logran mejores resultados que los humanos “solos” en procesos de e-discovery.     

Finalmente, podemos anotar como conclusión que, no se tiene que ser una compañía de Fortune 500 para aprovechar estas herramientas. 


[1] Mark Muro, Jacob Whiton, y Robert Maxim. What jobs are affected by AI? Noviembre, 2019. Disponible en: https://www.brookings.edu/research/what-jobs-are-affected-by-ai-better-paid-better-educated-workers-face-the-most-exposure/ Recuperado el 29/12/2019

[2] Disponible en: https://www.cisco.com/c/dam/en/us/solutions/collateral/industry-solutions/digital-vortex-report.pdf Recuperado el 15/12/2019

[3] Chester, Simon. How Tech is Changing the Practice of Law: Watson, AI, Expert Systems, and More. Ponencia presentada en la Pacific Legal Technology Conference, realizada en Vancouver el 02 de octubre de 2015.

[4] Ídem

[5] Aikenhead, Michael. The Uses and Abuses of Neural Networks in Law. Santa Clara: Computer & High Tech – Legal Journal, N° 12, pp. 31 – 56.

[6] Ídem

[7] Referida a la solicitud o requerimiento formal de información electrónica, a fin de ser usada en un litigio

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Felipe Durán
Abogado por la Universidad de Lima. Gerente de Contratos en China Railway Tunnel Group Co. Ltd. Sucursal del Perú. Especialista en Derecho de la Construcción, apasionado de los contratos y de las posibilidades de la tecnología en esta industria. Su práctica se concentra en proyectos de infraestructura pública y privada. Negocia, ejecuta y gestiona contratos, disputas y reclamos. Ha participado en procesos ad hoc y en foros institucionales como CCL, PUCP y CCI, a nivel arbitral, resolución de expertos y Dispute Boards.

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